«El Vuelo de Austrian Airlines: Atacado por una Tormenta de Granizo».

En un giro dramático que ni el mejor guionista de Hollywood podría imaginar, un avión de Austrian Airlines se convirtió en el blanco involuntario de una furiosa partida de bolos celestial. Resulta que una tormenta de granizo, con bolas de hielo más grandes que las ambiciones de un político en campaña, decidió atacar sin piedad a esta pobre aeronave que volaba tranquilamente desde Palma de Mallorca hacia Viena.

Los pasajeros, que probablemente esperaban un vuelo tan monótono como el discurso de un burócrata, se encontraron en cambio con una experiencia que les hizo cuestionar su elección de aerolínea, destino y, posiblemente, toda su existencia. La nariz del avión quedó tan destrozada que parecía haberse enfrentado a un enjambre de abejas gigantes enfurecidas, mientras que el parabrisas sufrió tantos daños que el piloto tuvo que aterrizar prácticamente a ciegas.

Por suerte, y gracias a la habilidad del piloto que, a pesar de las circunstancias, mantuvo la calma mejor que un monje en meditación, el avión aterrizó sin heridos. Los pasajeros, al ver el estado del avión, comprendieron que habían estado a un granizo de distancia de convertirse en una anécdota de esas que nadie quiere contar.

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